Falla en el Paraíso



AUTORES

Hay lugares que no aparecen en los mapas.

No porque hayan sido olvidados.

No porque sean muy pequeños.

Sino porque, en algún momento, dejaron de ser parte del mundo que conocemos.

Durante siglos, la gente ha creído en ciertas reglas. El tiempo avanza hacia adelante. El espacio se puede recorrer. Las brújulas apuntan al norte. Las personas nacen, viven y mueren en la misma realidad.

Pero, ¿qué sucede cuando esas reglas dejan de funcionar?

¿Qué pasa cuando una isla aparece donde no estaba?

¿Qué sucede cuando personas separadas por años llegan al mismo lugar?

¿Y qué significa que un reloj parado marque una fecha que no debería existir?

El 17 de agosto de 2003.

Para algunos, fue un día más.

Para otros, fue el comienzo de una pesadilla.

Y para la isla, fue el inicio de algo nuevo.

La historia comienza con un accidente.

Un avión se desvía y cae en un lugar que no debería existir. Entre los restos, seis sobrevivientes despiertan en una playa que parece un paraíso, rodeada de selva, montañas y un océano infinito. Al principio, piensan que su mayor desafío será sobrevivir.

Buscar agua.

Conseguir comida.

Construir refugios.

Esperar ayuda.

Pero pronto se dan cuenta de que no están solos.

Otros llegaron antes.

Algunos dejaron nombres.

Otros, fechas.

Algunos escribieron pedidos de ayuda.

Y otros, advertencias.

Nadie sabe cuántas personas han estado en la isla. Nadie sabe cuántas regresaron. Lo único claro es que los rastros de sus vidas están separados por décadas, como si el tiempo no tuviera sentido ahí.

Las ruinas antiguas parecen ocultar respuestas.

Pero también son peligrosas.

Una brújula moderna gira sin encontrar dirección. Las señales desaparecen. Voces surgen de la selva de noche, imitando a personas conocidas y llamando a los sobrevivientes desde la oscuridad. Los relojes muestran fechas imposibles. Y un hombre que ha estado ahí durante años sabe mucho sobre la isla, pero no quiere contar toda la verdad.

Porque a veces, conocer la respuesta puede ser más peligroso que tener preguntas.

Y ciertas puertas no deberían abrirse.

La isla no es solo un lugar perdido en el océano.

Es una falla.

Una ruptura en la realidad.

Un punto donde el tiempo parece doblarse, donde las dimensiones se tocan y donde las personas pueden quedar atrapadas entre mundos que no debieron encontrarse.

Los sobrevivientes aún no lo saben, pero el accidente no fue el final de su viaje.

Fue el comienzo.

Desde ese momento, deberán enfrentar no solo el hambre, el miedo y la incertidumbre, sino también una verdad que puede destruir lo que creían saber sobre el universo.

Porque tal vez no están perdidos en una isla.

Tal vez están perdidos entre dimensiones.

Y el mayor peligro no es encontrar una salida.

Tal vez el verdadero peligro es descubrir a dónde conduce.

En un mundo donde la realidad puede romperse, el tiempo repetirse y el pasado encontrarse con el presente, cada respuesta genera una nueva pregunta.

Cada ruina tiene una historia.

Cada fecha es una advertencia.

Cada voz puede ser una trampa.

Y cada decisión puede cambiar el destino de quienes intentan regresar a casa.

Pero, para volver, primero necesitan saber dónde están.

Y para averiguarlo, tendrán que aceptar una posibilidad aterradora:

que la isla nunca estuvo realmente en el mundo que conocían.

Que tal vez no llegaron allí.

Que tal vez fueron llevados.

Y que, en algún lugar más allá de lo visible, alguien —o algo— pudo haber estado esperando su llegada.

Porque cuando una falla se abre entre los universos, no siempre se puede cerrar.

A veces, lo único que se puede hacer es cruzarla.

Y una vez que cruzas el umbral…

ya no hay garantía de poder volver.

“La odisea ha comenzado.”