PRÓLOGO
Hay pueblos que se cuentan a sí mismos cada año, en junio, cuando el sonido de las bocinas y las campanillas anuncia que la fiesta de San Pedro ha vuelto a Tabacundo. En ese instante, la memoria colectiva del cantón Pedro Moncayo se pone de pie, se viste de zamarros y espejos, y sale a la plaza a recordarle a propios y extraños quién es.
El libro que el lector tiene en sus manos nace precisamente de esa certeza: que las tradiciones no son un adorno del pasado, sino un lenguaje vivo con el que una comunidad sigue explicándose a sí misma.
Tradiciones Culturales de Tabacundo, Cantón Pedro Moncayo es, ante todo, un ejercicio de escucha. Sus autoras y autores no se limitaron a describir desde afuera las fiestas sampedrinas; se acercaron a quienes las sostienen con su cuerpo y su palabra —los Diablumas, los Aruchicos, los Campanilleros, las Chinucas, los Huasicamas, las Warmis— y recogieron sus voces con el cuidado de quien sabe que una tradición se pierde no cuando deja de practicarse, sino cuando deja de contarse.
De esa escucha surge un trabajo que combina la rigurosidad de la investigación científica con la calidez de quien reconoce, en cada entrevista y cada encuesta, un fragmento de identidad propia.
La obra recorre un camino que va de lo general a lo particular y de vuelta a lo colectivo: comienza situando al lector en la historia, la geografía, la población y la economía de Tabacundo; se detiene después en los personajes emblemáticos que dan rostro a la fiesta; describe con detalle ritos como la toma de plaza, el arranque y entrada de la rama de gallo, el cobro de diezmo y castillo, y la Noche Sampedrina; y explora la música, los instrumentos, la gastronomía y las bebidas que acompañan cada celebración. No es una enumeración de curiosidades folclóricas: es la reconstrucción paciente de un sistema simbólico completo, donde cada práctica —por pequeña que parezca— sostiene un significado que la comunidad ha decidido no dejar morir y que cada año reviven la tradición.
Pero este libro tiene además el mérito de no idealizar su objeto de estudio. Con honestidad metodológica, las investigadoras y los investigadores documentan también la brecha generacional que atraviesa hoy a las tradiciones de San Pedro: mientras la población adulta resguarda con firmeza el valor simbólico de sus costumbres, las nuevas generaciones muestran un conocimiento más fragmentado y una apertura mayor a incorporar elementos ajenos a la tradición original, ya sea en la música, la vestimenta o la gastronomía. Señalar esta tensión no es un gesto de nostalgia ni de reproche; es, por el contrario, un acto de responsabilidad académica que convierte a este libro en una herramienta concreta para quienes, desde la educación, la gestión cultural o las propias comunidades, deseen intervenir a tiempo en la transmisión de este patrimonio.
Que este trabajo nazca desde la Carrera de Pedagogía de la Lengua y la Literatura de la Universidad Laica Eloy Alfaro de Manabí no es un dato menor. Confirma que la investigación universitaria puede —y debe— mirar hacia las culturas locales del país con el mismo rigor con el que mira hacia los grandes temas de la disciplina, y que la palabra escrita puede ponerse al servicio de una comunidad concreta, con nombre y apellido, con fecha y con plaza: Tabacundo, cantón Pedro Moncayo, provincia de Pichincha.
Entrego, entonces, este libro a sus lectoras y lectores con la convicción de que aquí encontrarán mucho más que un registro etnográfico. Encontrarán una invitación a mirar las fiestas de San Pedro no como un espectáculo que se consume una vez al año, sino como un patrimonio que exige memoria activa, transmisión constante y, sobre todo, la voluntad de las nuevas generaciones de seguir contándose a sí mismas, cada junio, en la plaza de Tabacundo.
Dr. Luis Eduardo Ronquillo Triviño, PhD
Equipo Editorial








